
Cierto, las comparaciones son odiosas, pero necesarias, para darnos cuenta en donde estamos, frente a otros que no hace mucho tiempo, iban muy atrás de nosotros en materia económica, política y social, pero ahora, nos han rebasado y nos llevan una gran ventaja. Tal es el caso de Uruguay que, para su fortuna, no sabe lo que es una Elba Esther Gordillo, cuyo poder e influencia en la vida nacional, ha sido muy benéfico... Pero para los partidos políticos a los que se ha aliado su sindicato. Y muy nefasto para el sistema educativo nacional que, hasta principios de los 70's, era un ejemplo para Latinoamérica y hoy es una vergüenza a nivel mundial.
El cinismo de la poderosa profesora ya rebasó todo límite y, sin preocuparse por cuidar las formas, se brinca la ley electoral a sabiendas de su absoluta impunidad, y realiza actividades proselitistas a favor de su partido Nueva Alianza o de cualquier otro organismo político que le haya comprado sus favores. Así, se pasea lo mismo por escuelas que por dependencias de la SEP, afiliando al personal sindicalizado al Panal, para luego recibir instrucciones por quién votar.
Como poder fáctico, que tiene de rehén al gobierno federal pero también mantiene nexos con el PRI y el PRD, la profesora Gordillo y su sindicato el SNTE, que sigue siendo el más grande de América Latina, ocupan hoy un lugar privilegiado como nunca en la historia de este país, con un dominio total que tiene sobre el presidente de la república, gobernadores, legisladores y alcaldes.
¡Qué bueno que Uruguay no tiene, como nosotros, una Elba Esther Gordillo en su sistema educativo! Pero también, qué pena que nosotros no tengamos un estadista de la talla de José Mujica, Presidente de Uruguay, para quien, en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer, y que se llega a un punto donde estudiar o investigar o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
El mandatario uruguayo ha inculcado una actitud de país "donde la gente elige arreglar las cosas en vez de tirarlas, que elige un auto chico en lugar de un auto grande, que elige abrigarse en lugar de subir la calefacción, que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad, que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales".
José Mujica contagia el placer por el conocimiento y sabe que el puente entre el hoy tercermundista y el mañana de progreso y desarrollo, tiene un nombre y se llama educación. "Un puente largo y difícil de cruzar, porque una cosa es la retórica de la educación y otra es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo. Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas, pero hay que hacerlo porque no hay tarea más grande delante de nosotros".
Definitivamente, los mexicanos no tenemos porqué seguir de rodillas, humillados y soportando que nuestros hijos vivan en la ignorancia y el analfabetismo intelectual. Ya es tiempo que la minoría ciudadana que sí piensa, que está informada y analiza con espíritu crítico la realidad, haga a un lado la actitud indolente, apática e indiferente, justificándose bajo el argumento que es un problema de los demás.
Saquemos la casta de nuestros antepasados que le dieron prestigio y gloria a esta patria nuestra y decidámonos a actuar, a participar, a recuperar el rol protagónico que nos corresponde dejando de ser títeres que bailan al compás del ritmo que marca el titiritero, para romper los hilos y bailar a nuestro propio ritmo y vibrar en nuestra propia armonía, para llegar a la meta, donde la educación es el camino.
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