
Con la reciente publicación de los resultados de la Auditoría Superior de la Federación y hablando de la revisión de cuentas públicas, una conclusión digna de resaltar es que, si bien ha habido avances en materia de fiscalización del manejo de los recursos y rendición de cuentas, todavía falta mucho camino por recorrer para establecer un combate efectivo a la corrupción y a la reticencia de la clase política gubernamental a la transparencia y a ser evaluada en su desempeño.
Dicen que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen y, en la medida que un pueblo no sea capaz de exigir a sus gobernantes eficiencia, honestidad, transparencia y resultados, los índices de corrupción, opacidad e ineficiencia seguirán, como siempre, a la alza, ante la apatía e indiferencia de una gran mayoría ciudadana que, con su silencio, se convierte en cómplice de la impunidad.